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La boca es la puerta de entrada a al torrente sanguíneo. Es por ello que cuidarla, incluidas las encías, es fundamental para mantener una buena salud general. En este sentido, resulta importante vigilar su estado, pues lo que empieza como un simple sangrado al cepillarse puede terminar complicando la salud de las arterias o el control del azúcar.

La conexión entre las encías y el sistema cardiovascular es totalmente real. Existe un estrecho vínculo entre la inflamación bucal y las enfermedades crónicas. El nexo de unión es la inflamación sistémica, pues cuando se tiene una infección en las encías (periodontitis), la boca se convierte en una especie de fábrica de bacterias y toxinas.

Diversos estudios vinculan la periodontitis con el riesgo cardiovascular. Las bacterias de la boca pueden viajar por la sangre y pegarse a las placas de grasa de las arterias coronarias. Esta situación favorece la formación de coágulos, aumenta la inflamación de los vasos sanguíneos y eleva el riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un ictus.

Igualmente hay una relación de doble sentido entre la diabetes y la periodontitis. La inflamación de las encías dificulta que el cuerpo utilice la insulina de forma eficiente, lo que dispara los niveles de glucosa. A su vez, una diabetes mal controlada reduce la capacidad del cuerpo para defenderse de las bacterias bucales, creando un círculo vicioso peligroso.

Causas ¿Qué dispara la alarma?

Foto: Pexels.com

Padecer enfermedades en las encías y la boca no ocurre solo por no lavarse los dientes.  Hay factores que aceleran este proceso inflamatorio y entre ellos destaca el sarro. Se trata de la acumulación de placa que se endurece bajo la encía y actúa como un búnker para las bacterias.

Otra causa de las afecciones en la cavidad oral es el tabaquismo. El tabaco camufla el sangrado (las encías no sangran porque hay menos riego), pero la infección avanza de forma mucho más agresiva y silenciosa. Dejar de fumar es un gran paso en la prevención de múltiples enfermedades asociadas a este hábito.

También los cambios hormonales se hallan entre los factores que provocan inflamación bucal. Estos suelen ocurrir durante el embarazo o la menopausia, lo que puede sensibilizar las encías ante la presencia de bacterias. Igualmente, estar sometido a niveles altos de estrés. Esta situación debilita el sistema inmunitario, lo que permite que la gingivitis pase a ser periodontitis (pérdida de hueso) de manera más rápida.

Blindar la salud desde la boca

Para que las encías dejen de ser un foco de riesgo para el corazón, especialistas recomiendan aplicar las siguientes estrategias:

  1. Limpieza interproximal obligatoria. El cepillo solo llega al 60% de la superficie dental. El uso de hilo dental o, mejor aún, cepillos interdentales, es lo único que elimina las bacterias que realmente causan la inflamación sistémica.
  2. El “reset” profesional. Una limpieza en clínica cada 6 meses no es un capricho estético. Es la única forma de eliminar el sarro que ya se ha mineralizado y que está vertiendo toxinas a la sangre.
  3. Vigilar el sangrado silencioso. Si sangran las encías, hay una herida abierta. No hay que ignorar el síntoma, pues se trata de una señal de que el sistema inmune trabaja horas extra.
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