Saber cuándo es viable restaurar una pieza dental y cuándo no es la clave para no perder tiempo, dinero ni salud. En la mayoría de los casos, la odontología actual cuenta con tecnología suficiente para devolverle la vida a un diente que parece perdido. En este sentido, los profesionales toman varios aspectos en cuenta.
Una pieza dental se puede recuperar cuando hay suficiente “pared” sana. Es decir, para sostener un empaste, una incrustación o una corona (funda), se necesita una base sólida. Si queda al menos la mitad de la estructura original del diente por encima de la encía, las probabilidades de éxito son altísimas.
Otro factor que influye es que la raíz esté fuerte y sana. Vale señalar que la raíz es el cimiento del diente. Si el soporte óseo que la rodea está firme y la raíz no presenta fisuras, se puede realizar una endodoncia (matar el nervio) y reconstruir la parte superior sin problemas.
Igualmente, es posible reparar un diente cuando el daño es superficial o moderado. Por ejemplo, si hay caries profundas que no han destruido por completo el diente, las fracturas por un golpe que no afectan a la raíz, o el desgaste por bruxismo. Estas son situaciones perfectamente reversibles con los materiales estéticos actuales.
También, es necesario que las encías acompañen. Significa que un diente puede estar dañado, pero si los tejidos que lo rodean (encía y hueso) están libres de infecciones graves, el terreno es idóneo para trabajar de forma segura.
¿Cuándo NO es viable restaurar?

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A veces, aferrarse a un diente destruido puede empeorar la situación y provocar infecciones que dañan al hueso vecino o a todo el organismo. Es momento de extraer y pensar en un implante cuando:
- La fractura es vertical y llega a la raíz: Si un diente se raja de arriba a abajo partiendo la raíz en dos, es imposible de sellar. Ningún pegamento o material dental puede soportar la fuerza de la masticación en una raíz partida. Entonces, la extracción es inevitable.
- La caries ha bajado de la línea de la encía: Si la destrucción del diente llega muy por debajo de la encía, no hay espacio físico para que una corona se agarre de forma hermética. Intentar restaurarlo filtrará bacterias constantemente y fracasará a los pocos meses.
- Existe una pérdida ósea severa (periodontitis avanzada): De nada sirve dejar la corona del diente impecable y brillante si se mueve como una hamaca porque se ha quedado sin el hueso que lo sujeta. Cuando el soporte es nulo, la restauración no tiene sentido.
- Infecciones recurrentes imposibles de frenar: Si un diente ya ha pasado por endodoncias, re-endodoncias o cirugías en la punta de la raíz (apiceptomías) y sigue generando quistes o flemones, el diente se convierte en un foco infeccioso crónico que debe ser retirado.
El veredicto del especialista: La regla de oro
En la Clínica Dental Marien Morata Roig, en Valencia, no toman la mencionada decisión a la ligera. En el centro usan radiografías de alta definición y tecnología de escaneado en 3D para evaluar la anatomía interna de la boca. Si un tratamiento de restauración le va a garantizar funcionalidad y estética a largo plazo, irán a por ello. Si solo va a ser un “parche” temporal que fallará pronto, le propondrán la mejor alternativa para sustituirlo, como un implante dental, devolviéndote la tranquilidad de masticar y sonreír sin miedo.
