La salud oral de la población de la tercera edad es una de las grandes asignaturas pendientes de la sanidad española. Así lo evidencia el último informe presentado por el Grupo de Trabajo de Odontogeriatría de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). La información fue publicada esta semana en el portal web especializado Gaceta Dental.
La nota indicó que los especialistas reconocen unánimemente el impacto directo de la cavidad oral en el bienestar general. Sin embargo, la falta de coordinación entre la Geriatría y la Odontología dificulta la implementación de un modelo de asistencia integral y preventivo en la tercera edad.
El documento pone de manifiesto una desconexión estructural preocupante. Revela que el 67,2 % de los geriatras admite no mantener ningún tipo de comunicación o relación directa con los odontólogos encargados de tratar a sus pacientes. Esta desconexión impide que las patologías orales se aborden de manera conjunta dentro de la valoración médica global del paciente mayor.
Un estado de salud oral preocupante
La investigación de la SEGG aporta datos alarmantes sobre el estado real de la salud bucodental de la población geriátrica en el país. Entre las cifras reflejadas destacan que:
- El 50,8 % de los geriatras califica las condiciones bucales de sus pacientes como «regulares».
- El 37,7 % directamente las tilda de «malas».
- La ausencia de piezas dentales (pérdida dentaria) lidera las afecciones con un 70,5 % de prevalencia.
- La enfermedad periodontal (afección de las encías y los tejidos de soporte) se posiciona como el segundo problema más habitual, afectando al 19,7 % de esta población.
- Un significativo 62,3 % de los médicos geriátricos encuestados confirmó haber tenido que atender complicaciones sistémicas o clínicas en sus pacientes. De ellos el origen directo se encontraba en un problema infeccioso o inflamatorio de la cavidad bucal.

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Consecuencias más allá de la boca
Los expertos advierten que una dentición deficiente o el mal estado de las prótesis no constituyen un problema estético aislado. El mal estado bucal repercute negativamente en la capacidad de masticación. La situación obliga al anciano a modificar su dieta hacia alimentos blandos y de menor valor nutricional. Esto detona un círculo vicioso de alimentación inadecuada, pérdida drástica de peso y desnutrición.
Asimismo, la inflamación de las encías actúa como una vía de entrada para bacterias al torrente sanguíneo. La acción agrava patologías del sistema cardiovascular o desestabiliza el control glucémico en personas con diabetes. Esta vulnerabilidad se multiplica en ancianos pluripatológicos, frágiles o polimedicados, donde los efectos secundarios de fármacos habituales (como la sequedad bucal) disparan la aparición de úlceras e infecciones.
El camino hacia la integración
Ante este escenario, la necesidad de un cambio de paradigma es compartida por la comunidad médica. El estudio de la SEGG revela una predisposición absoluta al cambio. Es decir, el 95,1 % de los geriatras considera oportuno y conveniente actualizar de forma prioritaria sus conocimientos en Odontología.
El reto principal radica en transformar la concienciación teórica en protocolos clínicos estables. El sector reclama el desarrollo formal de la Odontogeriatría y la puesta en marcha de canales de interconsulta fluidos. La idea es que la salud bucal deje de ser tratada como un servicio aislado y pase a formar parte activa de la historia clínica integral de las personas mayores.
