La limpieza dental profesional no es solo estética. Hay un enemigo que el cepillado diario no puede quitar: el sarro. Este es como el salitre o la cal dura que se pega a las tuberías de una casa. Una vez que se solidifica, no importa cuánto se frote con un estropajo, no se va a mover. En la boca, ese material es mucho más peligroso que una simple mancha.
El sarro, o cálculo dental, no aparece de la noche a la mañana. Comienza como placa bacteriana que es una película blanda y pegajosa de restos de comida y microorganismos que sí pueden quitarse con el cepillo. Sin embargo, si esa placa no se elimina en 24 a 48 horas, los minerales de la propia saliva (como el calcio y el fosfato) reaccionan con ella y la petrifican.
Es una estructura sólida, rugosa y porosa se convierte en un refugio de bacterias casi indestructible. El cepillo de dientes pasa por encima de su superficie, pero no puede penetrar en los poros de la piedra donde viven y se multiplican millones de bacterias. Al ser rugoso, el sarro atrae más placa rápidamente y se crean capas sobre capas. Estas capas empujan la encía hacia abajo, provocan inflamación y pérdida de hueso.
Por qué el cepillo no puede con él
Intentar quitar el sarro con un cepillo manual o eléctrico es como intentar quitar cemento seco con una escoba. Es decir, se trata de un proceso físicamente imposible. La razón es que la unión química del sarro al esmalte dental es extremadamente fuerte.
Si una persona intenta frotar los dientes con demasiada fuerza para quitar el sarro no lo conseguirá. Lo único que se logra con un cepillado muy fuerte es desgastar el esmalte sano o retraer las encías, pero la piedra seguirá ahí. Es por ello que solo en la consulta odontológica se resolverá el problema.

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Importancia de la profilaxis dental profesional
Pedir citas al odontólogo regularmente debería ser una prioridad. Solo un higienista o dentista cuenta con la tecnología necesaria para desintegrar el sarro sin dañar el diente. Las limpiezas suelen ser de bajo coste en comparación con los tratamientos que se emplean para resolver complicaciones que se dan por la acumulación de sarro.
Entre los procesos que se utilizan en la consulta están los ultrasonidos. Los mismos usan vibraciones de alta frecuencia y agua a presión para romper la estructura del sarro y despegarlo suavemente. También, se realiza un curetaje que permite limpiar el sarro que se ha escondido debajo de la línea de la encía. Finalmente, tras quitar la piedra, se alisa la superficie del diente (pulido) para que a las nuevas bacterias les cueste mucho más volver a pegarse.
¿Cada cuánto tiempo se debe acudir?
No hay una regla fija para todo el mundo, ya que la química de la saliva varía entre personas (algunas “fabrican” sarro mucho más rápido que otras), pero en general se aconseja pedir cita una vez cada seis meses. Este es el tiempo ideal para detectar problemas antes de que duelan y para eliminar el sarro acumulado en zonas difíciles.
Retrasar una limpieza profesional por ahorrar suele salir caro. Lo que hoy es una sesión sencilla de limpieza, mañana puede convertirse en un tratamiento de encías complejo o en la pérdida de una pieza dental.
