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Las muelas del juicio, también llamadas cordales o terceros molares, son el último grupo de dientes en desarrollarse. Suelen aparecer entre los 17 y 25 años. A veces, pueden tardar hasta dos años en salir por completo o incluso no emerger nunca por falta de espacio. Estas muelas se ubican al final de cada lado de los maxilares.

¿Qué son? Las muelas del juicio son restos evolutivos de nuestros antepasados. Según explica la National Library of Medicine, eran esenciales para los homínidos. Ellos tenían mandíbulas más largas y una dieta basada en alimentos crudos, duros y fibrosos (raíces, carne cruda y hojas) que requerían una potencia de masticación superior.

En la actualidad, su utilidad es prácticamente nula por dos razones principales:

1.- Evolución anatómica. Al descubrir el fuego y procesar los alimentos, nuestras mandíbulas se hicieron más pequeñas. Por ello, a menudo no hay espacio suficiente para que estas muelas emerjan correctamente.

2.- Función masticatoria. Con la dieta moderna, los otros molares son suficientes para triturar los alimentos. De hecho, expertos señalan que, si las muelas del juicio están sanas y alineadas, pueden ayudar a masticar, pero esto ocurre en una minoría de los casos.

Hoy en día las cordales se consideran un órgano vestigial, similar al apéndice. Es decir, una parte del cuerpo que ha perdido su función original a lo largo de los milenios.

Foto: Pexels.com

Síntomas comunes

  • Cuando empiezan a brotar, es normal sentir:
  • Dolor o presión en la parte posterior de la mandíbula.
  • Encías inflamadas, rojas o sensibles al tacto.
  • Dificultad para abrir la boca o molestias al masticar.
  • Mal aliento o sabor desagradable si hay acumulación de bacterias bajo la encía.
  • Hinchazón en la mejilla o ganglios del cuello.

Recomendaciones para aliviar el malestar

Para manejar las molestias mientras salen, se pueden seguir estos consejos:

Mantener una higiene rigurosa. Tener la zona limpia evita que se sufra de pericoronaritis (infección de la encía).

Emplear enjuagues bucales. Es recomendable utilizar agua tibia con sal o enjuagues bucales desinflamatorios para reducir las bacterias.

Aplicar compresas frías. Colocar hielo en la parte exterior de la mejilla ayuda a bajar la hinchazón y calma el dolor.

Cambiar a una alimentación blanda. Se debe evitar la ingesta de alimentos duros que puedan lastimar la encía sensible.

Programar una consulta con el profesional. Si el dolor es intenso o constante, se recomienda una radiografía para ver si la muela tiene espacio o está impactando otros dientes. Es por ello que lo ideal es acudir al odontólogo para el diagnóstico.

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