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La Clínica Dental Marien Morata permanecerá cerrada del 7 al 23 de agosto, ambos inclusive. Para urgencias: 610 28 23 27.

Unas encías que sangran de manera recurrente nunca deben ignorarse. Aunque sea poco, si hay sangrado durante el cepillado dental de forma frecuente puede ser síntoma de un mal mayor. A menudo, implica la existencia de un tejido inflamado o debilitado. Por ello, se tiene que tomar como una alerta.

Los factores que pueden causar el sangrado son diversos. Uno de ellos es la acumulación de placa bacteriana y sarro. Incluso, se trata del factor desencadenante más común. Se da porque la biopelícula que no se remueve diariamente se calcifica y se transforma en sarro, un residuo sólido que irrita mecánicamente y contamina el tejido gingival.

Otra razón, más grave aún, es la gingivitis y enfermedad periodontal. Es decir, la gingivitis constituye la primera fase de la infección, caracterizada por encías enrojecidas y propensas al sangrado. Si no se trata, evoluciona hacia la periodontitis, destruyendo progresivamente el hueso maxilar y los tejidos que sujetan las piezas dentales.

Foto: Pexels.com

Un traumatismo por técnica inadecuada es un causal más del sangrado en la higiene bucal.  Ocurre al ejercer una fuerza desmedida durante el cepillado o al utilizar filamentos rígidos que generan micro-lesiones en las encías. Asimismo, introducir el hilo dental de forma brusca golpea la papila interdental.

Más factores que hacen sangrar las encías

  • Fluctuaciones hormonales: Los cambios drásticos en los niveles hormonales promueven el sangrado de encías. Por ejemplo, como ocurre en el embarazo, la pubertad o la menopausia. La razón es que elevan la sensibilidad gingival ante la placa, facilitando la inflamación.
  • Uso de fármacos específicos: Los tratamientos con medicamentos anticoagulantes, antiinflamatorios o medicamentos para afecciones cardiovasculares alteran los mecanismos de coagulación. También, pueden propiciar el engrosamiento gingival.
  • Prótesis u ortodoncia mal adaptadas: Los aparatos dentales mal ajustados, los puentes desadaptados o el apiñamiento dental severo favorecen la retención de alimentos y causan fricción lesiva continua.
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