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La microbiota oral es la comunidad biológica compuesta por cientos de microorganismos, principalmente bacterias, virus y hongos, que habitan de forma natural en las diversas superficies de nuestra boca. Se sitúa como el segundo ecosistema microbiano más poblado y complejo del cuerpo humano. El mismo solo es superado únicamente por el tracto intestinal.

Cuando el mencionado ecosistema oral permanece en equilibrio dinámico (eubiosis), actúa como un escudo protector fundamental tanto para la dentadura como para el bienestar general del organismo. Esto porque entre sus funciones está actuar como una barrera biológica. Es decir, compite de forma directa por el espacio y los nutrientes para impedir que gérmenes externos peligrosos colonicen la boca.

Otra acción de la microbiota oral es la producción antimicrobiana. Ocurre porque segrega sustancias naturales llamadas bacteriocinas que destruyen selectivamente a microorganismos nocivos. Adicionalmente, esta barrera biológica controla la acidez, ya que estabiliza el nivel de pH en la saliva para contrarrestar los ácidos que desgastan el esmalte de los dientes.

Igualmente, una función muy importante de la microbiota oral se vincula a la regulación cardiovascular. Ella transforma los nitratos de la dieta en nitritos, un paso indispensable para producir óxido nítrico, el cual ayuda a mantener la presión arterial controlada. Por otro lado, estimula constantemente las defensas locales,  lo que facilita la tolerancia inmunitaria y frena procesos inflamatorios.

Importancia para el organismo

Foto: Pexels.com

La preservación de este ecosistema es crucial porque la boca funciona como el acceso principal hacia el interior del cuerpo. Cuando se produce una alteración de este equilibrio —fenómeno conocido como disbiosis—, proliferan patógenos responsables de afecciones locales severas como caries profundas, gingivitis y periodontitis.

Además, las consecuencias no se limitan a la cavidad bucal. Las bacterias patógenas y sus toxinas pueden viajar a través de la circulación sanguínea o el sistema digestivo. Este traslado se asocia directamente con un mayor riesgo de padecer patologías cardíacas, desajustes en la diabetes, infecciones pulmonares crónicas e incluso problemas durante el embarazo.

Cómo cuidar el ecosistema bucal

Para conservar una comunidad microbiana saludable, es necesario implementar estrategias que protejan a los microorganismos benéficos. Entre ellas están:

  1. Higiene diaria minuciosa: Cepillar los dientes tres veces al día y emplear hilo dental para retirar los restos alimenticios que alimentan a los microbios nocivos.
  2. Evitar antisépticos agresivos: Prescindir del uso diario y prolongado de enjuagues bucales con alcohol o desinfectantes fuertes, ya que eliminan indiscriminadamente la flora positiva.
  3. Restricción de azúcares: Disminuir radicalmente el consumo de azúcares simples y carbohidratos refinados, puesto que acidifican el entorno y dañan las piezas dentales.
  4. Nutrición rica en fibra: Priorizar la ingesta de vegetales, frutas y alimentos prebióticos que nutren de forma selectiva a las bacterias protectoras.
  5. Abandonar hábitos nocivos: Eliminar por completo el consumo de tabaco y regular el alcohol, dado que ambos alteran la composición salival y bajan las defensas.
  6. Uso responsable de fármacos: No automedicarse con antibióticos, puesto que estos medicamentos destruyen la estabilidad de las colonias bacterianas sanas.
  7. Incorporación de probióticos: Evaluar, bajo supervisión profesional, el uso de suplementos probióticos específicos para colonizar y reforzar el biofilm oral saludable.
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