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Los chasquidos o ruidos al masticar y al abrir la boca son síntoma de que algo no funciona bien. Específicamente, se relaciona a una falla en la articulación que une la mandíbula con el cráneo (llamada Articulación Temporomandibular o ATM). Esta articulación funciona como una bisagra deslizante que cuenta con un pequeño disco de cartílago para amortiguar los movimientos. Cuando este disco se desplaza de su sitio, se produce el característico sonido de “clic”.

El origen de este problema suele ser multifactorial y puede combinar tensiones físicas y hábitos diarios. Una causa común es padecer de bruxismo (apretar los dientes de forma involuntaria). El padecimiento acarrea una presión continua y excesiva sobre los dientes, sobre todo por las noches. Su principal origen es el estrés y el mal sobrecarga los músculos faciales y termina desplazando el disco articular lo que genera el ruido al masticar.

Otro factor que lleva a los chasquidos es la maloclusión (mordida desalineada). Si los dientes superiores e inferiores no encajan de forma correcta, la mandíbula se ve obligada a realizar movimientos forzados para masticar. La situación desgasta la articulación de un solo lado y genera el síntoma.

Más causales del ruido

Foto: Pexels.com

También, figuran en las causas del mal funcionamiento de la ATM haber sufrido un traumatismo o golpe. En ocasiones, un impacto antiguo en la barbilla o en el lateral de la cara puede haber dañado los ligamentos que mantienen el disco en su posición correcta.

Igualmente, el ruido aparece si se ha sufrido la pérdida de piezas dentales. Por ejemplo, la falta de muelas altera la altura de la mordida y desplaza toda la fuerza de la masticación hacia el lado contrario, descompensando la articulación. Por otro lado, las enfermedades de las articulaciones, como la artritis, pueden afectar también a la ATM, desgastando sus componentes internos.

Soluciones clínicas

Dependiendo de la gravedad del desplazamiento y del dolor asociado, el odontólogo o el especialista en ATM puede aplicar diferentes tratamientos. Entre ellos están:

  • Férulas de estabilización o descarga. Son dispositivos rígidos a medida que reubican la mandíbula en una posición de reposo, destensan la musculatura y reducen el chasquido.
  • Fisioterapia mandibular. Ejercicios específicos dirigidos por un fisioterapeuta especializado para estirar y relajar los músculos del cuello y la cara, devolviendo la movilidad natural.
  • Tratamiento de ortodoncia. Si la causa es una mala mordida, alinear los dientes corrige el eje de movimiento de la mandíbula de forma permanente.
  • Infiltraciones terapéuticas. En casos de dolor agudo, la aplicación local de ácido hialurónico o bloqueos musculares ayuda a regenerar la zona y reducir la inflamación interna.
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